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¿Arte o industria?

Llegó el verano, y con él, los estrenos de verano. Desde bodrios palomeros que nos harán reír con vulgaridades y chistes tontos, donde seguramente contaremos con la participación (sin ánimos de ofender a nadie) de Adam Sandler y parecidos, hasta los esperados Bajo la misma estrella, Guardianes de la Galaxia, y otras producciones y superproducciones que acapararan las salas (sólo 1 de cada 10 proyectará una película nacional… con suerte).

El churro del verano.
El churro del verano.

Hablando de los primeros, los churros, bodrios, cabe destacar su propósito: ninguna de esas películas se llevará un Oscar, participará en un festival, o entrará en los anales de la historia como una obra digna de recordarse. Pero eso no la hace una mala película. Su propósito es entretener, sacarnos unas risas, pasar un rato divertido con la familia o amigos. De ahí que se conozcan como “pelis palomeras”. De hecho, la razón de la existencia de éste tipo de filmes, es que Hollywood tiene un presupuesto anual (enorme, desde luego) que debe de utilizar, y los churros surgen de lo que sobra, después de producir filmes que acabarían con el hambre en México, como Harry Potter, Los Vengadores, Los juegos del hambre, etc.

Los segundos, los peliculones, producciones millonarias, vaya que tienen aspiraciones más grandes: producir dinero. La calidad de éstos es muy destacable, directores de renombre, efectos especiales maravillosos, los actores del momento, producción de un año o más y seguramente, se llevaran uno que otro Oscar…

The Avengers, con un presupuesto de 220 millones de dólares.
The Avengers, con un presupuesto de 220 millones de dólares.

Al estrenarse en las salas, éstas se abarrotan de los ansiosos fans, que hasta compraron la cubeta de palomitas conmemorativa del Hombre Araña, la playera con un estampado del Sinsajo de los juegos del hambre, la gorra con un bordado de Mi villano favorito, y afines.

Es ahí donde surge la pregunta: ¿Es el cine un arte, o una industria?

Con su Desktop Documental (documental donde todo sucede en una pantalla de computadora) Transformers, the premake, el cineasta Kevin B. Lee no nos trae la respuesta a la pregunta, pero nos muestras elementos que nos harán reflexionar, y sacar nuestras propias conclusiones.

El filme nos muestra cómo las superproducciones Holywoodenses, como la nueva Transformers: age of extintion, no sólo se dedican a generar dinero en taquilla, sino además, usan a los fans como publicidad gratuita (por ejemplo, cuando se sube a Youtube un video tomado con un celular, donde le enseñas a tus amigos cómo estuviste a escasos metros del rodaje), evaden impuestos so pretexto de beneficiar a la localidad donde se realiza la filmación, modifican el paisaje urbano y natural de donde se graba, cambian la manera de pensar de un país entero al esconder inteligentemente propaganda nacionalista, y en varias ocasiones molestan a la misma gente que habita el lugar del “set”, negándoles el paso, cerrando calles, impidiéndoles trabajar.

¿Cuánto habrá costado ésta escena?
¿Cuánto habrá costado ésta escena?

El director del documental destaca que su propósito no es que la gente no vaya a ver esa película, de hecho admite que él mismo le está dando más publicidad a la misma, pero lo que pretende es que reflexionemos sobre la situación actual del cine, si es arte o industria, si vale más una pantalla verde que un set a la antigua…

En lo personal, me encantan las películas donde seres gigantes se dedican a destruir la ciudad y pelearse entre ellos en batallas épicas, así que por supuesto veré Transformers, pero desde luego, no la veré con los mismos ojos.

Aquí, el documental completo

Jan Darío Rodríguez Swiecichowski

Mi pasión es el cine y el LEGO.

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