como dos gotas de agua

Como dos gotas de agua

septiembre 23, 2013 / por / 0 Comentario

Por Ana Cecilia Leyva

Decidimos convertirnos en gotas de agua, viajar entre las nubes y conocer el mundo, juntos, como siempre soñamos.
Entonces la tormenta nos recordó; el riesgo era latente, el resto de las gotas comenzaron a bajar, para alimentar el planeta, se perdían en la inmensidad del mar o en la corriente de los ríos.
Nuestro miedo creció, separarnos era impensable, comenzamos a descender por la inmensidad del cielo, aprovechamos el viento para unirnos en un baile eterno que nos llevó a compartir un solo vals, el objetivo era claro, convertirnos en uno para alimentar la flor más hermosa y que ésta lograría florecer como nuestro amor nunca pudo hacerlo.

Así empezó nuestra nueva historia, ajena a los complejos humanos. Adquirimos una nueva forma, siendo uno mismo, pero a pesar de ser gotas de agua, nuestra capacidad de pensamiento se intensificó. Mi mente y la tuya, ahora por completo unidas, el termino locura comenzó para aquella pequeña rosa, en el momento en el que entramos por sus raíces. ¿Qué puede hacer una rosa con pensamiento y emoción?

Lo primero fue darse cuenta de su hermosa desnudez, con colores intensos verde en el tallo y rojo en los pétalos, abierta siempre para recibir la luz que el sol le proporciona. Comprendió su soledad, a su alrededor nadie tenía consciencia, rocas, pasto, algunos arbustos que proclaman vida de la que al parecer no tienen entendimiento. Era más feliz, así , pensaba la rosa.
Su capacidad de movimiento limitada, para nosotros dos, eso era una cárcel y sin querer proyectamos eso a la rosa, que nunca pidió que nosotros llegásemos a estar dentro de ella. Se inquietud logró por fin despertar la curiosidad de un pequeño niño que pasaba por ahí, las horas pasaron y él seguía observando como la rosa, parecía estar atrapada en la tierra, obligada a la quietud y a la monotonía de los días. Al percatarnos de la presencia del visitante, nuestros pensamientos se acallaron y por fin la rosa dejó de moverse, nuestra inclinación hacia él hizo notoria la conciencia que pertenecía a aquella flor. Por primera vez después del día de que nos instalamos comprendimos el sentido de nuestra presencia.

Al día siguiente el niño regreso e intentó llevarse la flor, las espinas, como era de esperarse, lo impidieron. -Nunca toques algo que parece hermoso en su soledad, escuchó el niño. Dio un salto del susto cuando notó que la voz provenía de la rosa.
-Tu no deseas estar sola
- ¿Quién dice que lo estoy?
- Eres inquieta, las personas que sienten soledad lo son.
- Yo soy una flor.
-¿Cómo es que puedo entenderte entonces?
- Sólo las personas que comprenden la intensidad de la vida, pueden.
-Yo no soy intenso.
-Tu espíritu lo es, mañana regresaras y pasado, hasta el día que comprendas que no te pertenezco a ti, pero algún día estaré en tus manos. Mi muerte significará tu vida.

El niño se fue directo a su casa, sin entender lo que la flor le dijo. Sin embargo, todos los días le platicaba sus más íntimos pensamientos, y nosotros nos nutríamos de ellos, esperando el momento, de poder entregarnos a él en sentimiento.
Por fin el vello en su rostro dejó al descubierto nuestra creación. Un hombre alto, fornido y bien parecido, de nobles sentimientos, educado por una rosa, aparecía frente a nosotros.
El hombre regresó a contarnos que se encontraba hechizado por los hermosos ojos color café de una muchacha inteligente y amable, sus labios reflejaban el color de la rosa misma, entonces nos preguntó:
-¿Cómo podré conquistarla?
- Entrégale lo que más amas.
- No me pertenece.
-El amor es reciproco, siempre nos pertenece, aunque no siempre nos corresponda de la manera deseada.
-Le haré una carta.

El joven ilusionado trató toda la noche de escribir lo que sentía, pero las palabras no eran lo suficientemente hermosas en comparación de ella. Buscó joyas, vestidos, sombreros bellísimos, pero nada parecía suficiente.
“Regálale lo que más amas” eso le dijo la rosa, y lo que más él amaba eran sus secretos, sus íntimos pensamientos, los recuerdos que sólo la flor sabía y mantenía vivos.
Corrió al monte cuchillo en mano. Al estar frente a nosotros, sin titubear nos arrancó del suelo, nos quito las espinas. El momento por fin llegó.

-Cuando amas a alguien le entregas parte de tu vida, confiando tu pasado y matando tu ego, es así y sólo así que descubrirás que realmente estar enamorado. Estas son las últimas palabras que te decimos, alguna vez una gota unida en un vals me dio la vida, hoy ellos mismos se comparten a ti y a tu amada, agradeciendo todo lo que nos diste. Ahora nosotros morimos para que florezcan juntos y bailen al ritmo que marca el viento, bajo la intensidad del cielo. Como dos gotas de agua que se entregan en un vals, para nunca más dejarse.

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