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De genios, dioses y otros mitos

Muchos, muchos son los artistas, investigadores, científicos, matemáticos y otras personas comunes son llamados genios primeramente y poco a poco el tiempo los vuelve seres míticos y, en ocasiones, hasta hijos de dioses. No por demeritar sus logros pero elevar seres humanos a la santidad de olimpos y valhallas es como construir una barda infranqueable para los “simples mortales”.

Kool aid man

 Obviamente no para el hombre Kool Aid.

Admiro a muchas personas pero descubrí hace unos años que se me desaparecieron los ídolos en cuanto a la definición de la palabra se refiere. Por supuesto, no me considero al nivel de esas personas. En realidad en cuanto a calidad humana, habilidades del oficio (escrituriles, filosóficas y musicales), habilidades de vida, capacidades físicas, etc, me encuentro felizmente rodeado de entidades más poderosas y por mucho.

 Vegeta

Como él: mi amigo el Saiya-jin

Así como menospreciar a alguien por no tener tal o cual habilidad es discriminante y deshumanizador, ¿No es algo semejante endiosar a otra persona? Hay música que me emociona tanto que se me anuda la garganta, se me eriza la piel, mi mirada se pierde; el razonamiento de otros me deja perplejo; la visión potentísima de otros me es fascinante. Pero son otros, como yo. Vestidos de ser humano. Todos somos peores que otros y, por ende, todos somos mejores que otros. Todos somos especiales, pues, y al ser especiales todos, nadie es especialmente especial en cierto sentido.

 

 No entiendo

¿?…Coto tu chidorreo… che mono.

 

El peligro de esto (uno de los peligros más bien) es la fragmentación en castas: físicamente aptos para acá, intelectualmente superiores (¿?) para acá. Cada uno desarrolla ciertas habilidades más que otras y mejor que otros. Algunos no desarrollan casi nada. Algunos nada de nada. Lo mismo da. En ese mismo tenor, mi respeto y cariño lo otorgo en cuanto a ser humano o ser vivo se refiere, jamás en cuanto a nacionalidad (idea más tonta), habilidades, diferencias o similaridades.

¿Tendría que poner la rodilla en el piso ante a un de Lucía, un Vai, un Sabina? ¿Ante Einstein? ¿Ante Newton? ¿Ante Tesla mismo? No. No por logros, al menos. Por agradecimiento quizás. Por ser humanos tal vez. Por una humillante (que no es lo mismo que humilde) y falsísima solemnidad jamás. No veo razón alguna para hacerlo. Me emocionan esos seres, me causan alegría y la alegría explota no se hinca.

A veces desde a mi propia parentela y amigos hasta desconocidos tal asunto me ha valido injurias y malhabidos juicios. Generalmente por aplicarlo a zonas sensibles de sus cotidianeidades: el carpintero de Nazaret, sus artistas favoritos y otros semidioses de la mitología moderna. Entiendo que el personaje de el Cristo es emblemático y aún muy poderoso en el mundo. Tal cual  lo fueron un día un Heracles, un Prometeo, un Krsna, una Helena, un Gilgamesh, un Quetzalcóatl. Hijos de los dioses que nos acercaran a la bendición divina tan lejana para nosotros por “ser inferiores y no merecerla”. Tonterías. ¿No estaba también el señor Jesús (si algo de lo que nos ha llegado es remotamente cierto) vestido de humano? ¿Por qué alejarlo artificialmente de nosotros? La divinidad o, mejor: la infinidad no está lejos. Está en todo, Es infinidad: Es con e mayúscula. Es. Y Somos también con mayúscula sin más razón que Ser. Mandar al limbo de la genialidad y el endiosamiento a quien sea extirpa mucho de la naturaleza de nosotros todos: los que pisamos, pisaremos y han pisado la Tierra.

 

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