Tacubaya

El Faro de Tacubaya: El Edificio Ermita

marzo 05, 2013 / por / 0 Comentario

Edificio Ermita, Ciudad de México

Las embarcaciones se enfrentan a la corriente, un lucero rojizo domina el acantilado que divide olas, autos que bifurcan sus caminos. Viniendo desde el norte por el Circuito Interior, el Edificio Ermita se eleva rompiendo con la planicie de la calle. Ante el flujo inconsistente de los vehículos terrestres, el Triángulo de Tacubaya aparece como una burla a los símbolos de la ciudad, un faro inspirado en una embarcación que divide los destinos de una avenida en dos.

En su origen, Tacubaya significa “lugar donde se toma el agua”. Hoy la toma principal pertenece a Coca-Cola, su dinámico letrero de bienvenida tiene forma de botella más que del cántaro que representa a la zona. El parpadeo implica cambios de nombre constantes, rompe el entorno a cada momento. Las edificaciones de la nostalgia, como en cualquier parte de la ciudad, agonizan. El edificio triangular resguarda aún uno más de nuestros cines muertos —el Cine Hipódromo fue el primero con equipo sonoro en el país—; cementerios de memoria y celuloide, las calles aledañas son aquellas por las cuales caminara Luis Buñuel en sus primeros años de exilio: barrio de calles angostas, suelo de piedra, autos nuevos que salen de la nada hacia avenidas de seis carriles.

Tacubaya aún lucha entre sus pasados: la villa conservadora y elitista, donde la exquisita moda francesa pululaba en su Alameda, en la compra de pasteles que provocaban guerras de intervención. Su siglo XX marginal, en el cual legiones pandilleras re escenificaban sin saberlo la efeméride de los mártires de Tacubaya, reunión ambigua entre anarcopunks y el bando conservador de la Reforma. Hoy la antigua villa es un territorio donde late la indeterminación. Ha quedado en medio de la vorágine económica de la Colonia Condesa y el aroma a Mercado urbano o edificios a punto de caer. Batalla silenciosa de dos eras perdidas, la villa es un territorio de trincheras.

 

Construcción Edificio Ermita

Construcción Edificio Ermita

 

La altitud del edificio inaugurado en 1936 y diseñado por el arquitecto Juan Segura es aún la de un exceso para una zona modesta. Hay fantasmas que hablan a pesar del escándalo. Simultáneo al sonido de autos, la sordera invade a sus habitantes. El perímetro evoca el viejo distinguir de cantinas, los pensamientos de Rafael Alberti sobre el paisaje indígena, la leyenda del nombre de Diego Rivera inscrito en algunas de las coladeras del Edificio Ermita y cuyo desaparecido vitral multicolor hoy adopta carácter de leyenda. Su condición de faro, sin embargo, huye del agua. La zona jamás inundada permaneció todo un siglo como una marginalidad bien planeada, donde los desastres naturales no fueron más que rumores lejanos.

Según sus vecinos, hace poco al derribar una disonante pared de yeso en uno de los departamentos del Edificio Ermita, la Fundación Mier y Pesado a cargo del inmueble ha encontrado un óleo en gran formato de un muralista mexicano. Información sujeta a contrastarse, la narración de una camioneta de valores llevándose un enorme cuadro es un rumor que se esparce rápido en una zona cuya mayor riqueza la debe a sus historias desautorizadas.

Antes lejana, ahora céntrica; en momentos marginal, luego opulenta; de joyas del Art Decó a improvisaciones del Art Nacó; desgracias de la construcción y miradas de nostalgia. Tacubaya tiene un carácter de historia dialéctica: su tragedia pertenece al buen gusto. En un presente en decadencia el futuro posible es esa posibilidad del retorno.

El hallazgo de una luz intermitente en el mar significa la proximidad de la tierra. La zona vive a la expectativa de un posible proyecto de reparación urbana que la vuelva de nuevo una zona caminable y aproveche su legado arquitectónico opacado por la desconsideración publicitaria. La recuperación de una ciudad lacustre no es más que un lanzamiento de botella.

Edificio Ermita, zona de Tacubaya

 

 
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