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Los falsos guardianes de la Naturaleza

No es novedad el impulso de cuidar la naturaleza. Ya en sexto de primaria, si mal no recuerdo, tuvimos una plática en la escuela donde nos hablaban sobre las muy diversas posibilidades para ahorrar agua: la cubeta en la regadera hasta que se caliente la ducha, el vaso de agua para lavarse los dientes, cerrar la llave del lavabo, la botella llena de agua en el escusado. Esa plática cambió mis hábitos de vida aunque no tuviera yo más de 13 años. Hasta la fecha la cubeta ha habitado mis duchas y mi ahorro de agua ha llegado a rayar en la compulsión.

 

 Funciona bien para cuando hay prisa.

Pero con el paso del tiempo mi valoración del cuidado del medio ambiente mutó. Sigo pensando que cuidar los recursos (de cualquier tipo) es verdaderamente valioso pero no por las razones que muchos ambientalistas, espiritualoides y pseudointelectuales (de pseudoizquierda y pseudoderecha por igual) sostienen.

¿De dónde sale, pues, este “protectorado del humano”? Del egototote que nos cargamos como individuos tanto como especie. Pa empezar: ¿Quién nos destinó como guardianes de los seres vivos del planeta? Exacto, nadie. Nos hemos dado ese papel nosotros mismos por nuestra propia consciencia.

 

ElHonradoJuan

¿Qué? Cada quien la suya.

 

Estar conscientes de las consecuencias de nuestros actos, tanto a priori como a posteriori, nos otorga ventajas  innegables. Y sí: cuervos, primates, delfines, pulpos y elefantes presentan ciertas peculiaridades que nos parecen sorprendentes por ser animales “inferiores” pero igualmente los delfines asesinan, los cuervos engañan y los primates violan. No hay necesidad de romancear con “son más humanos que los humanos”. En fin, no hay prueba fehaciente de su equiparabilidad en cuanto al raciocinio humano. No por SER superiores nosotros, sino por ESTAR (diferencia entre “ser” y “estar”; apúntele bien) mejor equipados para adaptarnos a diversísimas condiciones ambientales. Y aquí regresamos al meollo del asunto: le damos en la torre a nuestro ambiente, entonces nos damos en la torre a nosotros mismos.

 

Barad Dur

Ánimo.

 

Ver nuestro futuro como algo inexistente nos hace evaluar nuestras acciones de cierta forma que no siempre resulta benéfica (ojo que aquí nadie habla de errores). Sin agua bebible (debidamente desinfectada por nuestros propias innovaciones), sin ciertas especies que mantengan el status quo de nuestra cotidianeidad, sin alimento procesado, sin energía eléctrica, etc. el que padece es el humano. Los seres vivos se extinguen siempre. Lo han hecho desde que aparecieron en el planeta. Que la acción del hombre ha influenciado como nunca antes estas extinciones es harto probable pero aún así, somos un animal joven tremendamente exitoso en cuanto a supervivencia se refiere. Se acabarán las selvas, los mares, arañas, ballenas, perros, tortugas y en millones de años otras bacterias, plantas, bichos, renacuajos, tepocatas y víboras prietas habrán florecido y repoblado el planeta. ¿inhabitable? ¿Destrucción del planeta? No veo la necesidad de deificarnos como especie.

 

Jesus fuerte

Aunque eleven su ki hasta el octavo sentido.

 

Si lo hecho por el hombre es artificial, entonces tener casas, ciudades, comida como la tenemos (hasta la orgánica, queridos naturalistas guanabí), mascotas, etc. es totalmente antinatural. Pero como el hombre tiene esa peculiaridad creativa fruto de su evolución, entonces más bien es de lo más natural. Así como toda actividad en detrimento de otras especies. Nuestra depredación es parte de la Naturaleza. No hay escape de eso. No podemos salirnos del todo. Ahora, depredación es una cosa y voracidad estúpida es otra. Nuestro raciocinio es natural también y este nos da el poder de la previsión. Nos da la capacidad de moderar nuestro proceder en aras de autopotenciarnos y potenciar nuestro entorno. ¿Por qué no hacerlo? Por arrogancia, tontería y (va de nuevo) voracidad. No hay que olvidar que lo natural no quiere decir que sea conveniente (favor de no meter “bueno” y “malo” a la ecuación). Que tengamos pinta de superdepredador no significa que debamos devorar nuestro entorno. Suficiente desbalance va a terminar por extinguirnos.

 

Agent Smith

-“Eres un virusssssssss.”-

 

Que algo sea natural, pues, no me parece razón de peso para mantener actividades que nos permitan subsistir a corto plazo pero a la larga aniquilen a la especie. Tal como :”¡Ay! Pues así soy y ni modo.” Es una excusa lamentable para seguir cometiendo atrocidades como “hacer las cosas porque así se supone que son.”

 

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Ay, chavos.

Aunque al parecer estemos causando una extinción como nunca antes se vivió en la Tierra, sería difícil que eso fuera más terrible para el planeta que para nosotros mismos sin otro ecosistema al qué acudir. ¿Respeto a la Madre Tierra? Quizás también es bueno tenerlo en cuenta. Pero no gratuito, vamos. No con la vacuidad con que muchos lo exponen. Es un autogol más que evidente para nuestra perpetuación continuar menospreciando lo que tenemos. Damos por hecho que mañana seguiremos teniendo agua limpia, comida, Sol durante el día, un ambiente apto para nuestra vida. Llevamos años igual, nada nos hace pensar que no será así. Pero cuando el péndulo de nuestros actos venga a cobrarnos factura ya veremos. Tantas personas conozco con esa estrechés de visión: –“¿Qué me importa si yo ya voy a estar muerto?”- Quizás sí, quizás no pero no valida tamoco desarmonizar la homeostasis de La Vida. Ser consciente anula los “esquenosabía” irremediablemente.

 

Sea como sea en algún momento la humanidad también habrá de extinguirse y toda la historia será borrada de la Existencia como la conocemos. Como un amanecer que ya no recordamos pero que absorbimos en todos nuestros cuerpos, la especie es ahora y será siempre un fragmento de lo eterno. La huella del humano será parte incuestionable e inextirpable de la Realidad aunque el más ínclito y renombrado miembro de la especie se haya olvidado. Y es quizás por ese macrocosmos del tiempo que no sufro por el día en que se termine el ser humano. Porque siempre recuerdo el polvo de las estrellas.

 

Yang E. Coutiño

Músico, escribidor, versista, pensador y muchas otras peculiaridades muy comunes.

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