home ARTE, MÚSICA, poemas, videoclip Mariela Condo (Ecuador). El arte de la música como encuentro

Mariela Condo (Ecuador). El arte de la música como encuentro

Cautivante, esa es la sensación que produce escuchar la música de Mariela Condo, cuyo arte no termina en sus composiciones, sino se prolonga en toda una experiencia de búsqueda que a través de sus poemas, dibujos y sus arreglos musicales que instan a continuar los pasos que ella ha emprendido, hacia esa tierra lejana que parece ser descubrirse a sí mismo.

Han existido momentos importantes en ese proceso, cuando completó por ejemplo sus estudios de inglés en Boston, para graduarse en música por la Universidad San Francisco de Quito. Como el poeta libanés Khalil Gibrán, que en igual ciudad, el sentimiento de extranjero les llevó a reconocer los trazos de su identidad, “inventándose cantos para arrullar a sus propios fantasmas”.

Artista completa, Mariela es originaria de Ecuador, específicamente de la comunidad Puruhá, que ya en el siglo XIX había reunido figuras como Lorenza Abiñamay y Fernando Daquilema, voces que se levantaron buscando la libertad en un contexto de opresión. A Mariela, le ha tocado otro tiempo histórico, en el que la aldea global nos permite hablar entre Chile y Ecuador para una revista Mexicana. Pero también el momento en que las fronteras entre las personas, se acentúan tras la anhelada y ansiosa consecución del éxito individual.

De ahí que en el arte de Mariela, resuena delicadamente la intensión de trazar vínculos con la música, y en cuya experiencia además, permita resolver aquello que internamente nos cuesta expresar.

Permanentemente inquieta, su propuesta ha evolucionado notoriamente en sus dos trabajos discográficos. El primero, Shuk Shimi Waranka Shimi (Una voz mil voces) coproducido con Daniel Mancero el 2008, recoge el legado cultural de su origen y está cantado principalmente en kichwa. En su última producción, el primero como cantautora, Vengo a Ver, explora los sonidos andinos, con reminiscencias del jazz y la fusión. Ambos han tenido excelente recepción en Latinoamérica, llevándole a recorrer países como Perú, Colombia, Noruega, Cuba, entre otros.

El último disco de Mariela Condo “Vengo a ver”, 2013

Las mixturas de su último trabajo, responden con el proceso más general que ha vivido Latinoamérica en los últimos años de reconocerse, encontrando los colores propios de la región, en una tonalidad infinita de sonidos y expresiones.

En nuestra conversación para La Manufacturera, Mariela recuerda las palabras de una cantante que entendía que la música efectivamente tiene fronteras con características que la hacen especial en cada región. En Ecuador enfatiza, se va entretejiendo una música de encuentros, como nuestro continente, en la que no hay algo puro, sino sobre todo entrecruces de mundos y sentimientos de alegría, tristeza, amor.

Dentro de esa multiplicidad de tesoros artísticos del Ecuador, pareciera percibirse a lo largo de su arte, evocaciones al tema de la infancia. Ella responde que, si bien no ha sido completamente consciente de ello, recuerda haber escuchado a una persona que comentaba “que las mujeres tienen el derecho a ser niñas toda la vida”. Señala que:

  “De esta forma continúo siempre en esa atmosfera de no perder la capacidad de asombro, para que no gane la amargura de la adultez.  Por eso el descubrimiento permanente de uno mismo, es como un juego. Ser compositor, es un mundo un poco caótico y desordenado. Finalmente el espacio de crear, hurgar dentro de uno, da la posibilidad de mirarte en un espejo.  Una letra por ejemplo te provoca y puede ayudar a entender, saber de ti un poco más y eso es algo maravilloso”.

Mariela finalmente concluye que “es verdad que cuando venimos al mundo, no lo hacemos para pelear con él, sino con nosotros. Desamarrarnos de la corriente genética y batallar con los propios demonios, buscando y haciendo”.

En sus inspiraciones hay una gama mucho más amplia de elementos que percibe y los transforma en música. Recuerda por ejemplo que una vez escribió una canción “a una flor que nunca la sacó de la cabeza” o vivencias que “siempre tiene que ver con algo que le das sentido en el corazón”. Mariela, si bien no se considera bibliófila, también recoge elementos de sus lecturas. Actualmente está leyendo a Adrienne Rich una poetisa feminista estadounidense de la década del sesenta, aunque Mariela tampoco se considere feminista. También lee a Pizarnik y mientras sonrío al verla revolver sus libros, me muestra la “Casa de las bellas durmientes” de Jasunari Kawabata, a Juan Gelman, a un poeta ecuatoriano llamado César Eduardo Carrión y algo de Mijaíl Bulgákov.

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Una de las canciones que me parece más significativas en su repertorio es “Algo eterno y fugaz”, cuya letra pertenece a su productor Daniel Orejuela y tiene que ver con sus discusiones sobre los hechos que se dan, por ejemplo, entre el indigenismo versus el racismo. Pensaban hasta qué punto hay una diferencia que marca un verdadero límite con el otro. De esta forma, una discusión sobre la aparente separación entre las personas, acabó siendo esta admirable pieza musical:

En su tema “Llorar distancias” explica, “la gente cuando la escucha lo analiza como una canción de amor, como alguien que se fue, cuando en realidad tiene que ver con la nostalgia del migrante, con alguien que está lejos y llora esas distancias. Es la tristeza del que se va y no puede volver”. Otra impresionante composición, “El trigo y el sol”, es una inspiración a partir de su abuelo, que describe como el trigo y el sol que amasa el color de la piel, los ojos y los surcos de su vejez.

Si bien hay muchos temas con una clara evocación de su natal pueblo, también tiene una postura crítica al actual movimiento indígena en Ecuador, el cual considera se ha vuelto más bien etnocentrista, reflexionando que todo lo que “tiende hacia un extremo, finalmente minimiza a otro grupo humano”.

Esperando que la lucha anteriormente emprendida por sus antecesores a favor de la igualdad no sea en vano, espera que la generación que compone “no caiga en venganzas hacia el otro y podamos trazar un camino para que en nuestra existencia, tengamos una verdadera igualdad. Hablarnos de hermanos a hermanos y no a partir de la diferencia absurda que existe entre los grupos, cayendo en un círculo vicioso de dominación”. Recordando su lectura sobre Adrienne Rich, manifiesta que “todos, independiente del origen racial, lo que no podemos olvidar es nuestro torrente sanguíneo. Así, antecesores indígenas o no, debemos mantenernos abiertos a escuchar esas voces que nos habitan”.

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Hay una pausa que nos hace pensar, y dada esa reflexión, al final de nuestra conversación le propongo que pida un deseo. Tras un breve silencio, dice: “darle un beso a mi primera abuela, que quizás cuantos años hacia atrás se encuentre!” Expresa que en su ahora le hace falta una figura femenina, de alguien “muy mayor que contenga la sabiduría de los años”.

Recalca:

 “Yo creo que en este preciso instante por eso estoy leyendo tanto, busco volver, encontrar mi fortaleza” – Teniendo la impresión que se emociona, agrega – “lo que estoy buscando es encontrar mi propio centro, para aferrarme a lo que sea mi base y seguir caminando”.

Quizás por lo mismo expresa entre sus textos: “escribo para encontrar los pedazos de mi, a través del tiempo, la pena, el silencio, el amor y el desamor; aun sabiendo que quizás nunca me encuentre, yo sigo”.

Al menos, mientras todos los fragmentos de esta maravillosa artista queden aun desperdigados, seguirá su camino de búsqueda, iluminando así  rincones que ella aún no se imagina…

La música de Mariela Condo está disponible en Itunes.

Y a través de: marielacondo@gmail.com

www.marielacondo.com

 

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