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Un legado sartreano: El muro

marzo 04, 2013 / por / 1 Comentario

 

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Narrador, autor teatral, ensayista y filósofo, Jean Paul Sartre, fue un incansable activista de profunda influencia en el pensamiento occidental de la segunda mitad del siglo XX. “La existencia precede a la esencia”, es una frase que ilustra de manera sintética las aportaciones filosóficas que el autor nos dejó como parte de su legado. Hoy, su herencia prevalece sumamente vigente. No hay esencia humana a la que los individuos se ajusten, sino que la existencia es lo que determina su esencia, en base a las diferentes situaciones en las que se desenvuelve.

El muro, publicado en 1939 –un año antes de que Sartre fuera tomado prisionero y llevado a Alemania–, es un libro que refleja la filosofía sartreana a través de “cinco pequeños desastres trágicos y cómicos”. Cinco cuentos que van desde El muro, narración de un prisionero español condenado a ser fusilado por las tropas franquistas, hasta La infancia de un jefe, cuya trama expone un análisis sociológico, psicológico e histórico de un joven que después de no encontrarle sentido a la vida, pasaría a encontrarse en situaciones que marcarían su existencia a través de polémicos personajes como Arthur Rimbaud, de ideología fascista.

Al ser un filosofo moderno de influencia reciente, Sartre fue un hombre que, como Marx, no sólo trató de interpretar al mundo, sino también de cambiarlo. Demostró siempre estar en contra de situaciones que en occidente parecían ser normales y siguió muy de cerca a la filosofía marxista. Luchó por causas sociales, movimientos estudiantiles y se unió a grupos de extrema izquierda. “El hombre es su libertad”, decía, lanzando un llamado individual al compromiso histórico.

Definitivamente el autor nos dejó un hilo de oro por descubrir, un pensamiento subversivo de enorme influencia política y literaria que explica perfectamente el porqué de su rechazo al premio nobel de la literatura, por considerarlo “un reconocimiento burgués”.

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“Durante los quince días que siguieron salí muy poco. Me dejaba invadir lentamente por mi crimen. En el espejo, donde a veces iba a mirarme, comprobaba con placer los cambios en mi rostro. Los ojos se habían agrandado, se comían toda la cara. Estaban negros y tiernos tras de los quevedos, y yo los hacía girar como planetas. Bellos ojos de artista y de asesino.”

Jean Paul Sartre (El muro, pp.98)

Una Respuesta a “Un legado sartreano: El muro”

  1. A Carolina Rob dice:

    Buenaso, lastima que lo regale!

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SOBRE EL AUTOR

''El exceso de la forma es nuestro vacío''


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